¿Cómo viste un músico de Dios?

Autor: Cesar y Marilú Garcia
RCCES de León, Guanajuato.

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 Actualmente en nuestros Ministerios de Canto y Música (MCM) existe mucho desconocimiento acerca de la apariencia y vestimenta que debe llevar un músico de Dios (MD) al momento de brindar un servicio, ya sea en la Eucaristía, en un retiro, asamblea de oración o simplemente o en su estilo cotidiano de vestir. La infinidad de opiniones que existen acerca de esto, es lo que nos lleva a compartir algo sobre este tema. Para ello hemos buscado compartirles, a la luz del Espíritu Santo, lo que el Señor nos ha mostrado, basándonos en la Palabra de Dios.

 

Ya que de acuerdo a la carta de Pablo a los Hebreos 4,12 “la Palabra de Dios tiene vida y poder, es más cortante que cualquier espada de dos filos, penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos e intenciones del corazón”.

 

  1. En el antiguo testamento:

 

En el Antiguo Testamento podemos encontrar ciertas referencias acerca de la vestimenta que el pueblo de Israel, pueblo de Dios, usaba para estar en su presencia:

“Los sacerdotes salieron del lugar santo. Todos los levitas cantores, Asaf, Hemán y Jedutún, junto con sus siervos y demás parientes, ESTABAN DE PIE, al este del altar, VESTIDOS DE LINO. Tenían platillos, salterios y arpas. Con ellos habia 120 sacerdotes que tocaban las trompetas. Entonces todos unidos se pusieron a tocar las trompetas y a cantar a una voz para alabar y dar gracias al Señor, haciendo tocar las trompetas, los platillos y otros instrumentos musicales mientras se cantaba: “Alaben al Señor, porque Él es bueno, porque su amor es eterno”; en aquel momento, el templo se llenó de la nube de la Gloria de Yavé y los sacerdotes no pudieron en su servicio a causa de la nube, porque la Gloria

de Yavé llenaba la Casa de Dios”. 2-Crónicas 5, 12-14.

 

Esta lectura nos hace referencia a la actitud que debían tener los levitas hacia el lugar santo, donde iba a permanecer el Arca de la presencia de Dios; dice que estaban de pie al este del altar vestidos de lino, no solo los levitas cantores sino todos los siervos y demás parientes.

 

El lino por aquellos tiempos sólo se encontraba en color blanco y no de distintos colores como ahora lo podemos conseguir. Por ese motivo el lino, de color siempre blanco, era signo de pureza interior, de purificación y de respeto al Señor.

 

Esta manera de vestir tan respetuosa de los levitas, no respondía a una costumbre o tradición del pueblo de Israel. Es decir, no vestían de esa manera porque “era la moda”, sino que respondía a una profunda fe en un Dios vivo y poderoso. Nadie quería estar en la presencia de Dios sin estar debidamente purificados. Y la ropa blanca simbolizaba entonces, y aún ahora, la pureza.

 

Ahora bien, reflexionemos que en esta lectura de Crónicas encontramos que los levitas estaban vestidos de esta forma porque estaban ofreciendo culto y sacrificio a Dios, cuando estaba siendo trasladada el arca de la alianza junto con la tienda de las citas al lugar santísimo, al templo que el rey Salomón había construido para que el Señor permaneciera en ese lugar. Dice también que cuando los levitas y los 120 sacerdotes se pusieron a tocar y cantar a una voz alabando y dando gracias con platillos y demás instrumentos musicales, el templo fue lleno por una nube, fue lleno por la Gloria del Señor por su presencia.

 

Así mismo, reflexionamos que Pablo recuerda a los Corintios: “¿Acaso no saben que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1°Corintios 9,13), es templo de Dios, es donde el Señor ha decidido habitar, donde permanece viva la alianza que Él hizo con su pueblo, y nosotros somos su pueblo.

 

Si verdaderamente comprendemos esto, podremos ver la importancia de que nuestro templo sea revestido para celebrar la presencia de nuestro Dios poderoso en nuestro propio corazón.

 

Que importante es entonces elegir con cuidado la prenda que cubrirá nuestro cuerpo, templo del Espíritu. Qué importante que la prenda sea digna, respetuosa, que no sea inspirada por una cultura o por una moda, sino que pretenda ser agradable a Dios en todo y que dé gloria a su Nombre.

 

  1. En el nuevo testamento

 

Si bien este texto del Antiguo Testamento nos habla sobre la vestimenta que utilizaba la Iglesia en tiempos del rey Salomón, también Pablo, en el Nuevo Testamento nos comparte algunos principios acerca de esto en 1 Timoteo 2, 9-10:

“Y quiero que las mujeres se vistan decentemente, que se adornen con modestia y sencillez, no con peinados exagerados, ni con oro, perlas o vestidos costosos. Que su adorno sean las buenas obras, como corresponde a las mujeres que quieren honrar a Dios”.

 

Aparentemente algunas mujeres en el tiempo de Pablo y Timoteo, por seguir una corriente o moda, vestían de forma inadecuada, o tal vez, el mandamiento fue dado simplemente con el fin de evitar que lo hicieran.

 

Es muy posible que a las mujeres de entonces, al igual que a las de hoy en día, les haya gustado vestir de forma que pudieran lucir bien; quizá con la intención de llamar la atención del sexo opuesto, lo cual es totalmente natural, pero muchas veces se corre el peligro de llegar al extremo de perder el sentido de respeto a su propio cuerpo y por ende a Dios.

 

De la misma manera hoy en día, los integrantes de nuestros MCM corren el riesgo de vestir de manera inapropiada. Nos ha tocado ver mujeres vistiendo pantalones y blusas entalladas, blusas y faldas cortas, escotes pronunciados, modas lujosas o llamativas, etc.; así como a hombres en “short”, playeras con símbolos de rock con mensajes satánicos (que generalmente ignoran), etc.

 

Una persona que se preocupa mucho por su apariencia exterior, que busca siempre llenar los patrones del mundo, las modas, podría descuidar lo que es más importante: su vida interior, la piedad y la vida cristiana.

 

“… que las mujeres se vistan decentemente, que se adornen con modestia y sencillez…” (1 Timoteo 2,9-10)

 

  1. Principios de la vestimenta de la mujer

 

En esta carta de Pablo, podemos encontrar tres principios que necesariamente debe contemplar al vestir la mujer cristiana:

 

1.- Vestir decentemente.

Es decir, vestir de manera apropiada, ordenada, con pudor y buen gusto en conducta y apariencia.

 

2.- Vestir con modestia.

Libre de orgullo, pretensión, vanidad o sensualidad.

 

3.- Vestir con sencillez.

No de manera ostentosa, sin lujos, dejando que Dios actúe en nosotros.

 

Aplicar estos principios es la manera más sencilla de no cometer un error y de no faltar el respeto a la Iglesia y sobre todo a Dios. Aunque las modas, los estilos y la cultura pueden variar de un lugar a otro, los principios de decencia, modestia y sencillez establecidos por Dios, permanecen para siempre y en todo lugar.

 

La mujer y el hombre que integran un MCM necesitan tener en cuenta el efecto que produce su manera de vestir entre el pueblo; cuidar que su indumentaria no sea foco de atención a sus cuerpos. Hemos escuchado a hermanos quejarse porque unos “jeans” ajustados fueron causa de distracción en momentos de oración. Muchas veces una manera sensual de vestir puede terminar despertando pensamientos de tipo sexual, originando pasiones que se convertirán en verdaderas batallas espirituales para aquellos que acuden a las asambleas de oración.

 

Pablo en su carta a Timoteo continúa diciendo:

“… no con peinados exagerados, ni con oro, perlas o vestidos costosos”.

 

Pablo invita a la mujer a que su peinado sea discreto y sencillo, que no utilice tantos colguijes, pulseras, que sus manos luzcan sencillas, sin tantas cosas que exageren su aspecto. El “piercing” es una moda que no entra en la sencillez ni en la modestia; tampoco es sencillo ni modesto el maquillaje exagerado.

 

Así pues, la mujer recuerde que ella sólo debe dejarse mirar por Dios; ante los ojos de su Padre amoroso ella es lo más bello que Él ha creado. Esto también puede aplicarse a los hombres pues hoy en día también los vemos maquillados, con aretes, piercings, etc.

 

Recuerdo que hace un tiempo acudimos a una asamblea de oración donde el ministerio que animaba la oración no cuidaba el aspecto de la vestimenta. Mi sorpresa fue observar que un miembro del ministerio vestía una playera con la leyenda “Evil” (maligno en inglés), con el número 666 y un dibujo de un ser diabólico; en un principio esto me desconcertó y me dio mucha tristeza, pero después de platicarlo con mi esposa, ambos llegamos a la conclusión de que esto realmente lo hacen por ignorancia, porque verdaderamente no tienen idea de la batalla espiritual que se libra en una asamblea de oración. Ellos simplemente siguen una moda y caen de esta forma en el juego del enemigo.

 

“…que su adorno sean las buenas obras, como corresponde a las mujeres que quieren honrar a Dios”.

 

Sin embargo mis queridos hermanos, es importante agregar que de nada serviría vestirnos de acuerdo a estos principios en el exterior, si nuestro interior está sucio, desordenado, manchado e inhóspito para Dios; es decir, no sirve que en tu vida sigas siendo tú el centro de atención y no Cristo Jesús.

 

San Pedro nos habla de esto en 1 Pedro 3, 3-4

“Que el adorno de ustedes no consista en cosas externas, como peinados exagerados, joyas de oro o vestidos lujosos, sino en lo íntimo del corazón, en la belleza incorruptible de un espíritu suave. Esta belleza vale mucho delante de Dios”.

 

De este manera cubramos nuestro cuerpo, que es templo del Espíritu Santos, con decencia, modestia y sencillez; dignidad y respeto a aquel que lo merece todo, al que es digno de alabanza y adoración; cubrámoslo de lino, de blanco, pues con el blanco recordamos su resurrección, y le recordamos también que queremos que nos haga más blancos que la nieve en nuestro interior:

 

“Con respecto a la vida que antes llevaban, se le enseñó que deben quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente, y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad” Efesios 4, 22-4