HAY PODER LIBERADOR EN LA ALABANZA 

Artículo por: Silvia Mertins-Guatemala 

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Hace algunos años se acercó a mí una servidora del Señor para contarme que tenía una hija que era muy rebelde y que no quería saber nada del Señor. Se vestía solamente de negro, era depresiva, rebelde y creía que estaba en drogas y que, además, escuchaba música heavy metal a todo volumen. Su cuarto estaba todo desordenado, estaba lleno de posters de artistas de rock y figuras horrendas de demonios y además tenía un terrible mal olor. Aparte de esto, la chica se había tratado de suicidar un par de veces y la habían tratado psicólogos y psiquiatras sin conseguir sanarla. Yo ya había escuchado testimonios y experimentado el poder sanador y liberador de la alabanza, así que le sugerí que cuando ella no estuviera en casa, dado que no quería saber nada del Señor y mucho menos dejar que alguien orara por ella, pusiera música de alabanza sobre todo en su cuarto y que, por supuesto, intercediera por ella. Al cabo de unos meses, me la volví a encontrar y me contó que, milagrosamente, su hija había cambiado su actitud: ya no se vestía de negro, su cuarto ya no olía mal, estaba de buen humor, ya no escuchaba esa música satánica que solía escuchar y había recibido sanación de sus depresiones. El Señor sana y libera a través de la alabanza porque “El habita en medio de la alabanza de su pueblo”.

Actualmente, satanás trata de introducir en las mentes de los creyentes, pensamientos negativos de temor, de angustia, de depresión, de orgullo, de soberbia, egoísmo, lujuria, desconfianza y de rebeldía contra Dios. Estos no son más que huestes espirituales que ha enviado para atacar al hombre y hacerlo sucumbir. San Pablo en Ef. 6,12 dice: “NUESTRA LUCHA NO ES CONTRA LA CARNE Y LA SANGRE, SINO CONTRA LOS PRINCIPADOS, CONTRA LAS POTESTADES, CONTRA LOS DOMINADORES DE ESTE MUNDO TENEBROSO, CONTRA LOS ESPIRITUS DEL MAL QUE ESTÁN EN LAS ALTURAS”. Se trata de una verdadera guerra espiritual. El que permite que su mente admita esta clase de pensamientos y espíritus, no tiene ningún deseo de alabar a Dios. Más bien, reclama a Dios, lo culpa de su triste situación. Por eso está escaseando tanto la alabanza en nuestras comunidades y grupos de oración. La gente no quiere alabar al Señor, el diablo tiene cerrada su boca para alabar y deja que la abran más bien para quejarse, pedir y murmurar contra Dios por las situaciones difíciles de su vida, no se dan cuenta de que, en realidad, se desencadena un gran poder liberador, cuando alabamos al Señor, sobre todo en las circunstancias difíciles de la vida. Debemos comprender que un verdadero cristiano, está siempre al frente de la batalla y que tiene que pelear contra muchos enemigos que quieren robarle las bendiciones de Dios.

La alabanza, nació en Israel, en medio de la batalla. Cuando los guerreros estaban nerviosos, ya formados para iniciar la batalla, comenzaban a gritar pregonando la grandeza de Dios, su poder, sus maravillas. Esto les infundía coraje. Al mismo tiempo, tenía un efecto negativo en sus enemigos, que se sentían amedrentados ante el optimismo del ejército que se venía contra ellos. La alabanza, antes de iniciar la batalla, no era una súplica miedosa, sino un grito enardecido en la que se proclamaba la poderosa presencia de Dios en medio de su pueblo. Era una oración de confianza total en el Dios que no falla.

Estamos circundados de violencia, de guerras, de odios, de inmoralidad, de injusticias, de robos, de asaltos, de maleficios, de intrigas. También nos acechan nuestros enemigos (demonios interiores): nuestras obsesiones, rencores, miedos, traumas, tensiones, cobardías, frustraciones. La alabanza es como un grito que brota de nuestro corazón para decirle a Dios que, a pesar de todo, seguimos confiando plenamente en su bondad, en su sabiduría, en su poder.

A través de la batalla espiritual por medio de la alabanza, pretendemos derrotar al adversario, impedirle que siga haciéndonos daño, impedirle que siga metiendo ideas erróneas y negativas en nuestra mente, como la idea de querer ser “como dioses” como nuestros primeros padres. También a través de la batalla espiritual luchamos por quitarle al enemigo algo que nos pertenecía y nos ha quitado, por ejemplo, la paz, la salud mental, física, emocional y espiritual; también nuestra prosperidad, nuestro hogar, etc. Impedirle que trate de trastornar los planes de Dios para que Jesús reine en nuestros corazones como el Señor.

¿Qué te ha quitado a ti el enemigo? ¿Qué le ha quitado a tu país, a tu familia, a tu ministerio, a tu comunidad? ¿Estás dispuesto a batallar por ello, a hacerlo que te lo devuelva? Ofrécele por ello al Señor un sacrificio de alabanza y ya verás los resultados. Jesús te dice hoy “Si crees verás la gloria de Dios”.

¿QUÉ TIPO DE BATALLA QUIERE EL SEÑOR QUE PRESENTEMOS PARA VENCER LAS HUESTES DEL MAL?

Veamos el caso del Rey Josafat: El Rey Josafat se aterrorizó cuando vio que dos ejércitos, el de los moabitas y el de los amonitas, se habían aliado para ir contra él. Acudió al Señor con mucho fervor. El Señor le respondió por medio de una profecía: “No tengan miedo ni se asusten ante esa muchedumbre…ustedes no tendrán necesidad de luchar. Deténganse y quédense tranquilos; la victoria la da el Señor” (2 Cro. 20,15.17).Ciertamente a Josafat le habría parecido una locura quedarse quieto mientras avanzaba ruidosamente el enemigo. Sin embargo obedeció. Puso a un grupo de cantores a la vanguardia a entonar alabanzas al Señor. Inexplicablemente, los moabitas y amonitas se confundieron, se atolondraron y terminaron matándose entre ellos. A los del ejército de Josafat únicamente les tocó ir a recoger el botín del enemigo. ¡Qué difícil habría sido para Josafat permanecer quieto, cuando la lógica militar le decía que tenia que presentar batalla inmediatamente!

La victoria es de los obedientes en la Palabra de Dios. Muchas de nuestras batallas espirituales son ganadas de la misma manera. Pareciera que Josafat se quedó de brazos cruzados viendo que pasaba. Sin embargo hizo algo: puso a los cantores a alabar a Dios y seguramente el pueblo se les unió. Usó el arma poderosa de la alabanza. Muchas veces queremos vencer al demonio con gritos y espavientos, cuando Dios nos quiere dar la victoria en medio de la alabanza. ¿Por qué? Porque dice el Salmo 22,4 ¡Pero tú eres el Santo, entronizado en medio de la alabanza de Israel! Dios habita en la alabanza de su pueblo, con toda su gloria y majestad. A través de la alabanza dejamos de pensar en nosotros mismos y en nuestros problemas y enemigos, para pensar solamente en el Señor. Entonces le damos la libertad de que actúe con poder en medio de nosotros y nos libere de las acechanzas de nuestros enemigos. Allí es donde ocurren grandes liberaciones, sanaciones, milagros y prodigios.

Cuando el Señor escucha la alabanza de su pueblo, entonces se pone de pie y entra en acción contra el enemigo y, como dice el Sal. 68 “Cuando Dios entra en acción sus enemigos se dispersan”. La alabanza es como una alarma que llega a la presencia del Señor y le dice que su pueblo está en problemas. Entonces “El León de la tribu de Judá” entra en acción a defender a sus hijos. Y no lo digo yo, lo dice la Palabra del Señor en el Libro de Num. 10,9 “Cuando un enemigo los ataque en su propio territorio y ustedes tengan que salir a pelear, toquen las trompetas y lancen fuertes gritos. Así yo, el Señor su Dios, me acordaré de ustedes y los salvaré de sus enemigos”.

Es difícil quedarse quieto y elevar una alabanza al Señor, en los momentos más difíciles de la vida: cuando se está muriendo un ser querido, cuando hay una enfermedad terminal, un accidente que quitó la vida de tu hijo, un bebé que nace con anormalidades, etc. Pero si enseñamos al pueblo de Dios a abandonarse en la Providencia de Dios y a alabarlo en toda circunstancia, empezaremos a ver milagros, liberaciones y prodigios.

Bibliografía:

La oración de Alabanza

  1. Hugo Estrada s.d.b.