Músicos de Dios movidos por la misericordia de Dios

Autor: Rubén Parra
Coordinador diocesano de MCM
RCCES Torreón, Coah.

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En este año promulgado por el Papa Francisco como el año de la misericordia, los músicos de Dios  y animadores de asamblea necesitamos ser movidos en la misma sintonía.

 

En estos tiempos en donde nuestra sociedad necesita más que nunca volverse a Dios, en estos tiempos en donde se necesita una sociedad reconciliada y reconciliadora, nosotros somos parte fundamental para dicho cambio.

 

Son tiempos en donde necesitamos vivir y fomentar la “Metanoia” en nuestras vidas y en nuestros ministerios, solo así partiendo desde nosotros mismos el cambio y la conversión genuina dará frutos abundantes.

 

El Papa Francisco hace resonar su voz diciéndonos y exhortándonos en la Bula “Misericordiae Vultus”  que “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”, nos invita a que contemplando el rostro de Cristo, él nos mueva a vivir y practicar la misericordia de Dios que es “fuente de alegría, de serenidad y de paz”.

 

Son tiempos en donde necesitamos madurar como músicos y animadores de Dios, teniendo “los mismos sentimientos de Cristo” (Fil 2,5), que nos llevarán a “vendar las heridas” (Sal 147,3) de los afligidos como lo hace nuestro Dios, a través de un servicio de entrega amorosa, sin condiciones y siempre buscando “para la mayor gloria de Dios” (Lema de San Ignacio de Loyola, Ad maiorem Dei gloriam) que otros se encuentren con Él Padre amoroso y “rico en misericordia” (Ef. 2,4)

art-music-9Movidos por la misericordia de Dios se verá reflejada cuando cada uno de nosotros estemos dispuestos a dejarnos quebrantar por el Señor, a ya no buscar nuestras satisfacciones personales sino más bien, buscar “menguar par que Él crezca” (Jn 3,30), movidos a una entrega inmediata a “vivir como hijos de la luz” (Ef. 5,8), siendo portadores de unidad, (Sal 133) fomentando la reconciliación entre los miembros de nuestros ministerios y de nuestra comunidad, sanándonos y perdonándonos mutuamente es cuando ven a un ministerio ungido, unido y reconciliado, la comunidad ve en nosotros lo mismo que veía en la iglesia primitiva (Hch. 2,44-47)

 

Seamos pues ministerios movidos por el poder de la misericordia de Dios y así verán que el camino, la verdad y la vida es nuestro Señor (Jn 14,6)